Si 2025 fue el año de la obsesión por la proteína, 2026 llega con un mensaje claro: volvemos a la tierra y a la nostalgia. Los grandes analistas gastronómicos lo confirman: estamos cansados de los platos diseñados solo para Instagram. Buscamos sabor real, honestidad y, sorprendentemente, ingredientes humildes que reclaman su trono.
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